Los Bench Boys son un equipo de hockey que se toma muy en serio lo de ”divertirse sobre el hielo” y muy a la ligera lo de ”ganar”. Llegamos a los partidos directamente de la oficina, la obra o el sofá, con físicos diversos pero sed constante. El calentamiento es mitad patinaje y mitad búsqueda de cinta, cascos y confianza.
En el hielo, nos gustan los pases bonitos casi más que los goles. Un gol es divertido, claro, pero ¿un delicioso e innecesario pase que no conduce a nada? Pura poesía. El contragolpe es opcional, pero el juego de palmas es obligatorio. El ritmo es desigual, los cambios son largos, ¡y alguien apenas sabe montar el larguero hacia atrás!
Tras el pitido final, estamos más cohesionados. El partido se analiza minuciosamente entre cervezas: ”Ese pase ha sido genial”, ”El hielo estaba mal” y ”La habría metido si no...” son claves tácticas recurrentes. Los Bench Boys no jugamos por los trofeos ni por la gloria: jugamos por los compañeros, las risas y la cerveza fría que nos espera después. Y a veces también ganamos. 






